miércoles, 25 de julio de 2012

cesó la lluvia


pero yo estaba en tus ojos, recuerdo que estuve en tus ojos muchas veces y que nunca fue la misma y que sólo en tus ojos me sentía en casa y todo era insoportablemente cálido y de verdad que no es que no quisiera irme, es que no podía irme, totalmente incapaz de irme, cada pelo de mi cuerpo gritándote ayúdame, ayúdame a irme
no quiero este deseo, te lo digo, no lo quiero y se repite, poniéndome contra las cuerdas, el deseo, como una bestia obcecada que me hinca su cuerno derecho, como cuando se tiene hambre, con todas mis rabias, no sé si eres capaz de darte cuenta hasta qué punto y nadie tiene la culpa y nadie quiere hacerse daño
y que darle vueltas a qué, a esta papilla rosa, a esta fantasía que se comporta como una entraña, a este cuerpo que se abre y que irradia láminas de vergonzosa súplica, tengo el corazón como una nube cargada y no hay tierra, siento una soledad que se amontona, ya no tengo piel, ya no queda, estoy sola y no es sencillo, hay algo que huele, me digo estás inhalando tu propio dolor *
y todos los demás para no pensarte, todos los otros, como lugares equivocados, como una carencia continua y me pierdo y me pierdo y me confundo y asumo que confundirse forma parte de la huida, de ti, huir, a la deriva de ti, a lomos de otras bocas, de otros cuerpos que no son tu cuerpo y que no alcanzan, que no alimentarán este deseo, que lo dejarán morir porque esa es la idea, no desear, aprender a no desear que me aprietes contra tu pecho hasta que tus brazos hagan corteza, guarida a esta cierva herida de la que sólo tú sabes de tanto equivocarse, no una ni dos ni tres sino en incontables, idénticas vacilaciones, y no codiciar que tu mano abra paso a tu sexo entre mis muslos blancos directo al centro mismo de esta luz de esta tormenta que me bulle por dentro y por fuera mientras pronuncias mi nombre para que yo exista en mi nombre de forma veraz, de forma que pueda arrebatarme de mí esta tristeza, esta parte blanda, al menos un poco, al menos por hoy
cesó la lluvia y cesó el tiempo, lo que estaba frente a mí, el animal fabuloso, el pequeño dios de tu mirada, el lugar del que me fuí, como siempre, regresando de vuelta, viendo a la gente pasar, a la espera de cualquier cosa

*susan sontag

6 comentarios:

Ave De Estinfalo dijo...

Que intenso, pero me gustó

Al final siempre se vuelve al punto de partida, a mirarse y estar en esos ojos de donde no se quiere huir

Saludines

Rafael dijo...

Cesó la lluvia y pasó la tormenta y también la pasión. (O no...)
Un abrazo en la tarde.

Emily dijo...

No quería irme. No podía irme.

<3

Darío dijo...

Pura intensidad, pura tensión, pura emoción que atraviesa la garganta en esquirlas. Una maravilla, siempre.

Pez Susurro dijo...

que arrollador...


Beso Bel.

Anónimo dijo...

Se puede huir, pero no escapar. Al final, de una forma u otra, acabamos volviendo... Otros besos y otras caricias provocan una efímera evasión, pero tras ese breve e intenso paréntesis temporal, siempre recordamos.

Estremecedoramente lacerantes tus palabras hoy, Hechicera de las Letras, has abierto viejas heridas que creía cerradas...