domingo, 29 de septiembre de 2013

somos ombligo y a él venimos a nombrarnos



Yo no debería estar aquí, y sin embargo, estoy. Aquí venimos a sernos y somos. Tengo la vida. Tengo la lucha y puedo hacer de la lucha una criatura hermosa ¿Cómo ha de ser la sensación de estar en el mundo y estar tranquila? me pregunto. No tener la imperiosa necesidad de buscarse una misma en todo para no sentirse invisible. Dejar de buscar.

El equilibrio. El equilibrio de dentro. No sé lo que es. No sé lo que es. Mi paciencia es bélica. Shere Khan me mira. Contar, cantar, ladrar, pienso, eso tiene que ser para él la vida. Y le acaricio. Shere Khan siempre sabe cuando he tenido un mal día, y ya no quiere jugar, ni salir al parque a correr con los otros perros. Tan sólo se queda cerquita de mis piernas y me traga, con ojos como lagos, y me hace un abrigo y se deja acariciar con toda la tristeza, muy despacito, porque sabe que eso me calma. Shere Khan me enseña que estar vivo es conjugar libertad y límites, y yo tengo dos límites. Dos criaturas como dragones que atardecen y se parecen a la primavera. Dos fobias. Una, a mi ombligo. Otra, a las bañeras de colores.

Este sería un buen castigo para Narciso. Atención a la metáfora. No puedo tocar mi ombligo. No puedo pensar en mi ombligo sin sentir ansiedad en avalancha, náuseas terribles, muchas veces he estado a punto de desmayarme en la ducha con sólo rozar mi cicatriz redonda, mi círculo centro. El centro. A menudo, he buscado información en internet al respecto, pero ha sido otra búsqueda sin resultado. Pienso en los agujeros del cuerpo. Pienso en la boca, en la nariz, en los poros de la piel, en las orejas, en la vagina, en el ano. Cada agujero, una puerta, abierta o cerrada al intercambio con lo que nos rodea. Todo tiene su valor simbólico. Todo es traducción. Joyce Mansour dice El ombligo es una puerta falsa. Una puerta sellada como en una fortaleza. El sello. El sello de nuestro origen. El rastro del deseo del otro hacia nosotros. Hemos nacido del deseo de otros. Una vez hubo un cordón, pienso. Un nexo. Una vez estuve vinculada. Y pienso en imágenes, casa por casa, recorro las casas de acogida y me río, amargamente.

Sobre las bañeras de colores, aún no tengo una teoría.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Sublime, Hechicera de las Letras, sublime.

Tus versos me habían cautivado, pero tu prosa me absorbe, degusto cada una de tus palabras como un dulce veneno que se toma poco a poco, a pequeños sorbos.

Feliz inicio de Otoño, que las lluvias y las hojas caídas te sigan trayendo inspiración para que nunca dejes de crear...

Saludos desde la niebla.

mailconraul dijo...

Hay otra inteligencia que no confluye exactamente en las palabras, tiene alma de perro y mueve el rabo cuando la acaricias.

Darío dijo...

Las nueve puertas de mi amor, dice Apollinaire.

Amando García Nuño dijo...

Una vez estuvimos vinculados, sí, pero nos dejaron solos rápidamente. Y así seguimos, mirándonos el ombligo, pero solos.
Abrazos, siempre

Tomás R. Ramírez dijo...

Te juro que el esfuerzo que hago para no referirme a los comentarios anteriores me pone...

Bueno, con respecto al texto. Me gustó. Bellamente escrito, tu prosa es excelente. Te leería días enteros.

Aseret Blueminda dijo...

Que gustito da acariciarse el ombligo.