jueves, 30 de enero de 2014

suena la alarma

son las 9 y media
me cuesta permanecer con los ojos abiertos sin preguntarme 
¿para qué?
en el bloque sólo estamos el perro del vecino y yo
lo sé porque ladra y ladra y ladra

y no viene nadie a decirle que todo está bien
o a pasarle la mano por el lomo
porque llora como lloran todos los animales moribundos
que aún en su derrota se agitan
en un último intento 

en el inútil intento de pedir ayuda en una casa vacía
y me pregunto si él verá también en el día que comienza
molinos imaginarios
y si también él piensa que morirá por nada

4 comentarios:

Rafael dijo...

Seguro que llega a entirstecer.
Un abrazo.

Amando García Nuño dijo...

Pues no estés tan segura. Ese bloque está habitado por millones de inquilinos al borde del desahucio. Lo que pasa es que no ladran, y han comprendido que no vale la pena pedir ayuda.
Abrazos, siempre.

mailconraul dijo...

Molinos imaginarios o algo a lo que aferrarse para resistir. Lo más duro no es morir por nada, es no poder vivir por algo.

Tomás R. Ramírez dijo...

Genial el poema, te deja pensando. Me identifico mucho con el perro.