viernes, 5 de junio de 2015


el chico de la camisa de cuadros vive en un pueblo que no es suyo, a veces, cuando camina por sus calles siente una punzada, aquí, entonces, cuando quedarse atrás parece más sencillo, él sigue caminando y nadie advierte la aguja clavada al corazón de la mariposa, el chico de la camisa de cuadros piensa que Dios bien podría ser un taxidermista, en el caso hipotético de que él creyera en Dios, claro está, el chico de la camisa de cuadros es un cazador, saca la cámara y mientras fotografía nadie puede presentir el grosor de su pensamiento, dicen “sí” ahora los árboles y las hojas y las aguas y las luces, emerge la belleza de las cosas, tras un telón de sombras las cosas le tienden la mano, le proponen saldar las cuentas, dejar de lado todo lo que le duele, la tarea contemplativa de no hacerse preguntas, el chico de la camisa de cuadros se siente líquido, como el agua de la alberca y quiere correr en dirección opuesta al aliento de los perros, la belleza, sabe usted, es una forma como otra cualquiera de escapar, el chico de la camisa de cuadros pone su boca sobre mí y nada queda de mí salvo una boca incandescente, vuelvo de sus labios con una corona de hojas de sauce sobre la frente y me pone a cubierto con su cuerpo, ya está su sexo dentro, introduciéndose a oscuras, sus ojos dentro, como quien hunde los pies en la tierra, después yo no supe si soñaba, todos sueñan con distinto nombre, hacen pie, cada uno en su sueño, nada quedó de mí salvo mi pie derecho, tener un pie descalzo entre sus pies descalzos para que todo sea suave, sólo he follado tres veces con el chico de la camisa de cuadros porque al chico de la camisa de cuadros no le gustan los números pares, nunca nos hicimos juntos una foto