sábado, 6 de junio de 2015


Que instalen caballitos en las cárceles,
en los cuarteles,
en los hospitales,
en los frenopáticos
y que se fuguen todos
montados en los caballitos
(...)
Y que todos los funerales
se celebren montados en los caballitos
al paso silencioso y tranquilo de los caballitos

Jesús Lizano



la chica más bonita del barrio, no sé cómo nombrarla, atraviesa la hendidura de la tarde a lomos de sus patines, asoma entre la luz como un río que pasa, algo que no puede ignorarse, en su mano izquierda lleva de la correa a su perro y su paso no es silencioso ni tranquilo, hubo que respirar dentro de una bolsa para no salir corriendo tras la medalla de su falda, para no cortejarla toda la noche, escoltándola a través de todas las constelaciones del cielo, se mezcla el canto de los pájaros sobre las cuerdas de la ropa recién tendida con el sonido del agua que cae sobre las macetas de la terraza y cada hoja tiene un nombre distinto y cada hoja rehúsa ser vencida, los cachorros de la calle fuman todo lo que hay en la esquina, iba el sol a cavar un pozo para esconderse como los animales se ocultan para no ser vistos, iba a haber un entierro sobre las antenas de los tejados, una confusión de luces, una luna casi llena, grande como un gato, alguien en una ventana que observa tras una escafandra de cristal de roca, un corazón que cierra compuertas, que suelta amarras, silenciosamente

1 comentario:

Rafael dijo...

Quizás iba cargada de sueños...
Un abrazo.